Así comienza el libro

 LA CIUDAD

 Yo nací en el centro del mundo, aquel lugar único en donde se cruzaban dos importantes caminos. Las gentes transitaban apresuradas por ellos, pues los tiempos iniciales de mi infancia se caracterizaron por lo difícil, rodeados como estábamos por emboscadas partidas de malhechores que venían del sur, pero en nuestra gran ciudad amurallada todos se detenían puesto que era un lugar grande y capaz, fonda de largas caravanas de animales de carga que recorrían la frontera y lugar a propósito para abrigarse de los albures y abastecerse de lo necesario antes de reanudar el largo y peligroso viaje.

Yo vine al mundo en la ínsula del Guadiana de la que tanto se dijo, eminencia rodeada de agua por todos los lados merced a un profundo canal tallado en la roca de sus cimientos, laboriosa obra que mucho tiempo antes había sido llevada a cabo por esclavos y prisioneros, en su mayor parte cristianos, y aunque debió de ser un arduo trabajo, daba al lugar un aspecto que dejaba atónitos a quienes nos visitaban por primera vez, que nunca hubieran podido imaginar semejante ciudadela en tan áridas tierras, y si a ello sumamos la visión de la vega florecida en primavera, oasis y vergel sin par, o aun los relucientes cielos nocturnos con que nos regalaba el verano y que daban testimonio de la existencia del debatido empíreo, la ilusión era completa.

Yo, además, nací cerca de la torre del agua, el castillo ácueo o castellum aquæ, la complicadísima maquinaria que se abastecía de las aguas del río mediante norias y cangilones sin fin, algunos soportados por la misma muralla, y que vertían el necesario líquido en la acequia mayor que corría sobre la coracha, de donde iba a los depósitos de que se surtían tanto el foso como los habitantes de la ciudad cuando el caudal del río era insuficiente. Era aquella una instalación muy compleja, y había sido construida mucho tiempo antes por los musulmanes que en tiempos la habitaron, los cuales dispusieron las cosas de tal manera por motivos que seguramente tenían que ver con su protección, pues también ellos debieron defenderse de quienes ambicionaban su término, muy importante, como dije, pues era el cruce de principales caminos y lugar en donde todos los días sucedía algo nuevo, a lo que contribuía el continuo transitar de gentes, caravanas, ejércitos, rebaños y comerciantes.

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