Prólogo

En este libro no hay prólogo. Lo que hay es una advertencia que viene a cuento, si bien se piensa. Es esta:

AVISO

Si esta crónica fuese auténtica, no hubiera sido escrita en castellano actual, el propio de los siglos que siguen al XVIII, sino en un intrincado y oscuro lenguaje –romance descendiente del latín y entreverado con abundantes términos del árabe, del bereber y del visigótico– que no reconoceríamos.

Puesto que en aquellos entonces (los siglos XII y XIII) no se escribía de semejante manera, y los escasísimos documentos que nos han llegado se distinguen por el laconismo, la sequedad descriptiva y la nula deferencia con la lírica, es preciso decir que el tono general de la narración, impropio de la época que dibuja, es una pura fantasía que únicamente pretende dar colorido a un relato que será leído muy lejos de sus circunstancias. Hay que considerar las presentes páginas, por tanto, como una en demasía libre y harto retórica traducción adaptada a nuestro tiempo.


Quien tenga oídos para oír, que oiga, y quien quiera entender, que entienda.

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